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Biografía

 


 

Entre las actrices de teatro ha habido siempre especialistas en el género dramático. Lo era doña María Guerrero, por ejemplo. Luego brilló Margarita Xirgu, una catalana que tuvo que exiliarse en la guerra civil, quien estaba considerada como "la gran trágica" de nuestra escena. Pues bien, en la canción española también se da el caso de algunas interpretes especialmente dotadas para conmover al público con historias apasionadas de amor y odio, de celos y desengaños, que no son otra cosa que brevísimos dramas de tres minutos, que es lo que suele durar una copla. Quien mejor ha desarrollado esas facultades en el terreno de la canción española es Marifé de Triana.

María Felisa Martínez López nació el 13 de septiembre de 1936 en un pueblecito sevillano llamado Burguillos, cerca de La Algaba. La familia estaba compuesta por cinco hijos y el padre era contratista de Obras Públicas.

No era muy boyante la economía en aquella casa. La guerra acabó por acentuar más las estrecheces del hogar. La madre se vio obligada a vender la máquina de coser para sacar adelante a los suyos y así poder pagar la comida durante unos días. Una máquina de coser en un hogar humilde era pieza de gran valor entre los enseres caseros en años de posguerra.

Se transladaron a vivir a Sevilla, al barrio de Triana. Marifé estaba en su salsa en ese barrio tan alegre, famoso por sus toreros y sus cantantes. Desde muy niña mostró ya su facilidad para aprenderse canciones, sobre todo las de Juanita Reina, que era su favorita.

Tenía nueve años Marifé cuando perdió a su padre. Con su madre y sus hermanos se instaló muy modestamente en Madrid. Marifé sólo pudo ir al colegio hasta los doce años.

Una casualidad fue el trampolín para que Marifé saliera del anonimato. Fue cierto día acompañando a su hermana mayor, que trabajaba de bordadora y costurera, a casa de unos señores a quienes está debía zurcirles unas cortinas. Marifé entretanto, se entretuvo curioseando por los pasillos de la casa, simpatizó con la sirvienta y al poco rato se puso a canturrear. En ese preciso instante llegaron los propietarios del piso. Marifé se azoró, pero el señor le pidió que siguiera cantando, que lo hacía muy bien. Cuando Marifé concluyó aquella improvisada actuación casera, el señor Lombardía, que así se llamaba su ocasional anfitrión, le preguntó si quería ser artista. Como ella le contestó afirmativamente, el señor Lombardía llamó por teléfono a un buen amigo suyo, que resultó ser el entonces conocido locutor David Cubedo, de Radio Nacional de España. Fijaron una cita, a la que acudió Marifé muy ilusionada.

Estaba terminando David Cubedo de dar "el parte", que es como se llamaba el programa de noticias de actualidad retransmitido por toda España cuando Radio Nacional mantenía el monopolio informativo. David, a poco de saludarla, la bautizó artísticamente como Marifé de Triana. Y con ese sobrenombre la anunció en un espacio de Radio Nacional de España dedicado a artistas noveles.

Su primera gira 

Marifé comenzó a ir a una academia de música, la del maestro Alcántara, en la plaza de Tirso de Molina, al que pagaba treinta y cinco pesetas semanales. El maestro le compuso el pasodoble "Al pie de una reja", que ella estrenó en el programa radiofónico. También le sirvió para examinarse con vistas a obtener el imprescindible carné sindical, que todo artista necesitaba para ejercer su profesión.

La llamaron para amenizar un fin de fiesta en el cine Pizarro, que estaba en el paseo de las Delicias. Se pasó allí cantando todo un verano. Tenía entonces trece años y le negaron el carné sindical, porque la edad reglamentaria para conseguirlo eran los dieciséis.

Utilizo la treta de vestirse con una chaqueta de su hermana, calzándose unos zapatos de tacones altos y pintándose mucho los labios para aparentar más edad. El tribunal que la escuchó cantar le otorgó la máxima puntuación entre los trescientos y pico aspirantes que se presentaron. Pero no le dieron el dichoso carné. Eso no le impidió seguir trabajando, mientras falseaba la edad cuando firmaba los contratos de los cines de barrio.

La contrataron para una gira por Galicia. Los empresarios eran unos modestos artistas, Los Astur, familia norteña acostumbrada a recorrer los pueblos con un acordeón y una batería como acompañamiento orquestal. Marifé salía a cantar en las plazas de aquellos pueblos con un traje alquilado por quince pesetas. Una vez tuvo la suerte de alquilar un modelo que había estrenado Juanita Reina en una de sus películas para cantar "Y sin embargo te quiero". El público lo componían vecinos de aquellas aldeas, que se acercaban con una silla de anea para contemplar el espectáculo. Con Marifé viajaba su madre. Al terminar la actuación pasaban el platillo. Había noches que no recaudaban lo necesario para cenar y se acostaban mordiendo un simple mendrugo de pan. El día en que podían freírse algunas mondaduras de patata se consideraban afortunados.

Viajaba Marifé subida en un carro, con maletas a su lado, mientras la lluvia, inclemente, caía sobre su cuerpo. Tiritaba, arrebujada bajo un abrigo raído, la única prenda invernal que poseía, que acabaría quedando desteñido cuando acabaron la gira galaica.

Luego emprendieron otra aventura por la Mancha y Extremadura, desplazándose en vagones de tercera clase... porque no había cuarta. Otras veces viajaban en alguna desvencijada camioneta, "como piojos en costura", según castiza expresión de la propia Marifé. Las actuaciones eran al aire libre, sin cobrar entrada alguna. Entre canción y canción, aun tenía tiempo Marifé para ponerse un delantal y vender papeletas para la rifa de una manta o una bicicleta...si es que el día anterior habían recaudado lo suficiente para adquirir tales mercancías.

Recaudaban la calderilla, que contaban pieza por pieza en interminables madrugadas. Cuando obtenían lo dedicaban a un fondo común. Parecen escenas propias de una novela costumbrista sobre el mundo de los cómicos en la España de la posguerra.

Y cuando tras la rifa Marifé se quitaba el delantal y se vestía de flamenca, se convertía en émula de Juanita Reina, de quien seguía tomando prestadas sus mejores canciones.

Su madre, que era muy ingeniosa y dicharachera, sabía ganarse el corazón de algunos vecinos cuando, de gira por pueblos de Las Hurdes, la zona más pobre de España, en Extremadura, conseguía alguna patata y un poco de pimentón, exigía vianda con la que se las componía para preparar la comida. El día que le daban un pequeño trozo de carne, se daban un festín.

Corría el año 1950 y Marifé de Triana iba con la "troupe" de Teatro Chino de Manolita Chen, verdadera institución abundante del teatro popular de variedades. Se incorporó en Melilla y de ahí saltaron a Tetuán, que fue su primera experiencia internacional. Estuvo en aquella compañía hasta que cumplió los dieciséis años. Llegó a actuar en ¡ocho fuciones al día !. A las cuatro de la tarde estaba en su camarín, lleno de tablas, y así continuaba hasta las cinco de la madrugada, con idas y venidas a la pista del teatro. Allí se curtió Marifé. Aprendió a superar el frío y el calor, los aplausos del público cuando venían, y también la indiferencia, a veces, de gentes a las que no les complacía el espectáculo."En mi corazón llevo siempre el recuerdo de esa época en un teatrillo de feria", nos diría Marifé.

Volvió a Madrid para seguir estudiando en una academia. Acudió a casa del maestro Manuel Gordillo, autor de muchas canciones andaluzas. En realidad, el maestro no tenía una academia propiamente dicha. Vivía modestamente, sin fortuna todavía, y acogió a Marifé con mucho cariño, aceptando darle clases de música en su casa. Años después, Gordillo se convertiría en autor de las primeras canciones de Raphael, y un hijo suyo en su manager.

El maestro Gordillo echó mano de su repertorio y le brindó a Marifé algunas piezas para que las estrenara en un espectáculo de pocas pretensiones, titulado "Polizones del cante". Iban con ella el Niño de Origuela y Pepe Mairena. El primero no tuvo mucha suerte como cantante y terminaría ganándose la vida como autor de canciones, firmando con su verdadero nombre y apellido, Alejandro Cintas. Fueron de gira por pueblos de Madrid y luego emprendieron ruta hacia Levante. Un completo fracaso. Llegaron a Valencia sin un duro en la caja. Para comer ese día, el Niño de Origuela se vio obligado a empeñar su reloj de oro.

Las dificultades en aquella gira se vieron compensadas por la circunstancia de que en aquel espectáculo Marifé pudo estrenar canciones propias del maestro Gordillo, especie de padrino artístico para ella. Una de esas canciones llevaba por título "Numero falso". A Marifé le encantaba la música, no así la letra, que era del citado Niño de Origuela.

Marifé se los contó a Gordillo:

-¡Que lástima, maestro! Su música es muy buena, pero la letra es muy fea.

Gordillo le dijo que no se preocupara. A las pocas semanas, el maestro le pidió a Marifé que ensayara aquella canción, debidamente transformada con otra letra de Llabrés, Sarmiento y el propio Gordillo.

Su título "Torre de arena". Sería el gran éxito de Marifé de Triana, con la que se dio a conocer en toda España, significando su paso al estrellato en la canción española.

Marifé actuó en marzo de 1955 en el teatro Victoria de Barcelona. Y en julio, gracias a los oficios de Gordillo, que medió cerca del empresario Juan Carcellé, Marifé se presentó en el circo de Price. En principio, sólo para siete días. El espectáculo se llamo "Olé, Madrid". Marifé cantaba "Torre de arena", entre el delirio del público. Le prorrogaron el contrato hasta el mes de octubre. Con ella alternaban Pepe Mairena y Pedrito Rico.

Gordillo llegó un día al camarín de Marifé, dando saltos de alegría. Le había conseguido su primer contrato discográfico. Marifé hacía dos funciones diarias en el Prince. Apenas tenía tiempo para descansar. El día previsto para la grabación se presentó en el estudio de la casa Philips, a las cuatro en punto de la tarde. Procuró no perder un segundo. Y en ¡una! Hora grabó las cuatro canciones previstas, de las que dos de ellas se convirtieron a los pocos meses en archipopulares: "Torre de arena" y el pasodoble "Antonio Romance".

En enero de 1956, Marifé de Triana se presentó en Madrid, en el teatro Calderón, con espectáculo propio. Su primer espectáculo como estrella. El título no podía ser otro que "Torre de arena". Se mantuvo más de un año en cartel; luego en otro escenario, el de La Latina.

En Sevilla, el maestro Gordillo se le ocurrió una idea publicitaria. Llenó las vallas de la ciudad con un anuncio en el que figuraba una foto sólo con los ojos de la artista. Los carteles la anunciaban como "La sevillana desconocida". Se organizó un concurso para identificarla. Acertaron todos. A Marifé no la habían olvidado en su tierra. A "Torre de arena" le debe Marifé lo que luego llegó a ser en la canción española. Fue se trampolín. De ella hizo dos versiones grabadas. Prefiere la primera. La otra se hizo con arreglos diferentes y otros coros.

La actriz de la canción 

Así empezaron a llamarla los críticos. Para Marifé, una copla es como una pieza teatral de tres minutos, con planteamiento, nudo y desenlace. El mismo concepto que tenía Rafael de León, quien sin duda se lo comentaría alguna vez. Marifé nunca ha dejado de considerarse cantante y actriz al mismo tiempo.

Salvo dos de sus espectáculos que eran únicamente de variedades, el resto llevó siempre libreto, con una sucesión de sainetes entremezclados con números musicales. El contenido habitual en una función folclórica.

En abril de 1957 estrenó en Madrid, en el teatro de La Latina, "La Emperaora". En septiembre de 1958 dio a conocer "La sombra vendo" de Llabrés, Moles y Gordillo, en el Calderón. En abril de 1960, también en el teatro, se presentó con "Carrusell de España". Para cantar "La Loba", que iba a ser una de sus inimitables creaciones, se tiñó los cabellos de canas. Tenía que aparentar ene le escenario el aspecto de una mujer madura, que tiene un hijo sin estar casada. Marifé se maquillaba los ojos con profundas ojeras. No se pintaba los labios. Se desgarraba cantando la melodramática historia escrita por Molina Moles y Rafael de León, musicada por Quiroga. Marifé llora siempre que canta esa canción y el público, a su vez, queda conmovido. La censura entro a saco ene l libreto del espectáculo. No estaba bien visto cantar las peripecias de una mujer que se ve obligada a ejercer el oficio más antiguo del mundo para sacar adelante a su hijo. Nada más aparecer el disco en la calle, lo prohibieron con la etiqueta "no radiable", que figuraba en las emisoras de radio. Se convirtió en una pieza maldita de Marifé de Triana. A la postre, tuvo mayor éxito después.

Vestida de maña salió cantando también en "Carrusel de España". Y es que Marifé, pese a ser andaluza, no ha desdeñado el folclore de otras regiones. Lo mismo se ha hartado de cantar zambras, tientos, marchas y pasodobles, que una sardana. Interpretó también el zortzico "Maite" y "Ay, tierra Vasca".

Marifé a lo que se negó siempre fue a cantar flamenco. Le tiene un gran respeto. No obstante, hay pellizcos flamencos en algunas de sus canciones. Una excepción discográfica fue la vez que por sugerencia del maestro Cisneros, que dirigía sus grabaciones, cantó una soleá y un polo acompañada a la guitarra por Melchor de Marchena. Aunque ensayó previamente con el maestro Quiroga hasta sentirse segura de lo que iba a grabar.

A finales de 1960 emprendió su primer viaje americano. Estuvo en Argentina, Perú y Chile. Es de las pocas estrellas de la canción española que se ha prodigado poco fuera de nuestro país. En Europa, cantó en Inglaterra, Alemania, Holanda y Suiza.

La maestra giraldilla 

Conviene detenernos ahora en su breve experiencia cinematográfica, insatisfactoria para ella, que es muy autocrítica y siempre sincera.

Su debut en la pantalla fue con "Canto para ti", trama folletinesca de una joven que quiere ser cantante y es requerida en amores por tres hombres. Se casará con un militar, que perderá la vida al poco tiempo. Sólo se salvaran en la cinta las canciones de Marifé: "La ventolera", "Locura de mi querer", "Rejón de muerte" y "Señora vecina". Los tres galanes eran Alfredo Mayo, Mario Berriatúa y Julio Nuñez. Del año siguiente 1959, era su segunda cinta, "Bajo el cielo andaluz, con argumento sensiblero y resultado artístico todavía inferior. Se trataba de los amores de la hija de un herrero y el hijo de una dama hacendada de un pueblo andaluz. Marifé era esa hija que se aleja de su padre, quien la trata con aspereza, y comienza a trabajar de sirvienta en Sevilla. Cantaba allí "Calandria Calandria", "La salinera", "María Calvario" y "Juan León".

A la vista del pobre resultado de sus dos películas, Marifé optó por no rodar ninguna más.

En 1963 reapareció, tras un largo viaje americano, en el teatro Calderon, con "La maestra giraldilla", que mantuvo otra temporada más en La Latina. Estando de gira por provincias, un joven recitador se incorporó al elenco de su compañía en Valdepeñas (Ciudad Real). A Marifé no se le olvidó nunca esa fecha, 5 de octubre de 1963. Hoy ya no estila ese tipo de actor en los espectáculos de variedades, pero entonces era corriente que se recitaran versos en alguna parte del espectáculo.

El recitador era joven, de buena planta, natural de El Bierzo. Pasado cierto tiempo, la primera figura y empresaria, Marifé de Triana, se enamoro del actor-recitador, de nombre José María Calvo. Desde 1972 iniciaron una feliz convivencia, culminada en boda el 7 de octubre de 1982. No tienen hijos. José María, que ya no ejerce su antiguo cometido teatral, es hoy el representante artístico de su esposa y viven en un precioso chalé de la Costa del Sol malagueña donde, por cierto, jamás se escucha un disco de Marifé de Triana. Ella lo tiene prohibido:

-La artista se queda en el escenario. Cundo estoy en mi casa, ya no tengo nada que ver con la Marifé de la canción.

Te he de querer mientras viva 

Marifé de Triana siempre fue reacia a cantar éxitos de otras estrellas de la copla. Pensaba igual que Juanita Reina. Pero el maestro Cisneros, director artístico de Columbia, la casa discográfica de Marifé, le dijo un día:

-Usted puede permitirse el lujo de cantar lo que quiera y nadie dirá que sus versiones se parecen a otras.

Marifé acabó dándole la razón. Y así grabó éxitos de Estrellita Castro, de Conchita Piquer, de Juanita Reina y de tantas otras. Por ejemplo, María de la O, La Rosa de capuchinos, Romance de la Reina Mercedes, La Lirio, Coplas de Pedro Romero, Romance de la otra, La Parrala, En tierra extraña...Ojos verdes, en cambio, no quiso cantarla pensando que junto a Tatuaje, son dos creaciones insuperables de Conchita Piquer, imposibles de mejorar.

Con "Ay Maricruz" tuvo un nuevo tropiezo a la hora de solicitar el debido permiso de la censura. No autorizaron a grabarla con la letra original, cuyo estribillo reza: "...y por jurarte yo eso, me diste en la boca un beso que aun me quema Maricruz...". Tuvieron que alternar la frase, con un gran disgusto del autor, Rafael de León, y de la intérprete Marifé de Triana. Finalmente, la cosa quedó así: "...y por jurarte yo eso, me vi de cariño preso, por tus ojos Maricruz!". No era lo mismo, claro. Todavía en los años sesenta no podía admitirse, por una pacata censura, la expresión literaria que un beso quemara.

En el mundo de la copla sucede que hay artistas que estrenan un número y no tiene éxito esperado. Y luego llega otra, hace su versión y da en la diana. Carmen Flores fue la primera en grabar "Te he de querer mientras viva", de Rafael de León y Manuel Quiroga. La cantó muy bien, pero no tuvo la debida difusión. En cambio, en la voz de Marifé de Triana fue un triunfo.

"Tengo miedo" fue un estreno del Principe Gitano, aunque quien la hiciera popular fuera Rocío Jurado. Más tarde, Marifé de Triana contribuyo con su versión a la que fuera todavía más conocida.

En el caso de "La luna y el toro", de Sarmiento y Castellanos, sucedió al revés. Se la entregaron a ella, quien estaba dispuesta a grabarla, pero el maestro Cisneros opinó "que no le iba a su estilo dramático". Marifé perdió esa oportunidad, pues cuando la grabó ya era tarde. Se la había adelantado Mikaela.

Marifé nos aseguraba haber estrenado "Con el vito", "Señora vecina", "Echale la red", "Canta guitarra", "Patio banderas" y un larguisimo etcétera.

Le encantan los poemas de Rafael de León, del que elige, "Tres puñales". Grabó "Compañero" y "Esclava de tu amor". Gusta esta artista de cantar piezas que tengan un contenido humano, emotivo, capaz de emocionar y emocionarse. Cantando "La mujer del faro", que es la historia de una pobre mujer que se queda ciega, salía al escenario con una falda rota, descalza y titubeante en sus pasos. Todos los detalles los cuida cada vez que escenifica una canción.

Si Lolita Sevilla es conocida como "La reina de los pasodobles", no le anda a la zaga Marifé. En su discografía hallamos "El niño de la blusa", que evoca la figura del matador de toros madrileño de principios de siglo, Vicente Pastor. Tiene otro dedicado a Sebastián Palomo Linares y otro al madrileño Angel Teruel.

En 1965 presento en el circo Prince "La cantaora", de Molina, Moles y Quiroga, y en años sucesivos, "La niña del agualucero", de los mismos autores, "Embajadora de España", junto a Rafael Farina, "María Maletilla", "El café del taranto", " Cabalgata", "La copla". El último de sus espectáculos data de 1973. Cuanto hizo despues ya pertenece a otra época, la de las presentaciones personales, las galas en discotecas o recintos deportivos, que ya poco en teatros. En 1974 grabó un disco de rancheras: "Marifé canta a México". 

Marifé de Triana acusó, como sus compañeras, la crisis de la copla. Y prácticamente estuvo retirada unos años. Tenía fortuna para permitirse ese lujo. En su pueblo natal, Burguillos, le dieron un homenaje, rotulando con su nombre una calle. Y además colocaron una placa en la casa donde nació. Lástima que sus padres no vivieran. Tampoco alcanzaron vivir su época de fama.

Vendedora de coplas 

A finales del decenio de los ochenta, con el renacer de la copla, Marifé volvió a grabar un nuevo disco que tuvo una buena acogida "Vendedora de coplas", en 1989. Marifé de Triana volvió a ejercer su magisterio en la televisión, en sus galas y en sus discos. Hasta 1992 su discografía se componía de 500 canciones catalogadas, las ultimas correspondientes a su último álbum, "Canta mi corazón" de 1990, en el que incluía un tema en homenaje a su madre, "Tu no te has ido". 

Tras varios años retirada, a principios del siglo XXI, Marife de Triana saca al mercado un nuevo albúm titulado "Por que" (2001), compuesto integramente por Rafael Rabay, Marife nos demuestra que todavia tiene arte y salero que demostrar, temas como: "Perdida", "Gente de Andalucia"," Esencia", etc...

Los discos de Marifé se vendian por cientos, hoy en día es muy dificil encontrar los antaño, ya que son piezas de coleccionismo.

Marifé aun desborda arte y sentimiento, en cada frase que sale de sus labios, y es que nadie en el último siglo le ha ganado en intensidad dramática cantando coplas, hay mucha gente que llora escuchándola. Es un sello, la mejor, Marifé de Triana.

 

Sacado del Libro "Memoria de la Copla" Manuel Román (1993).

 

 

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